Vivimos en la era de la automatización, de los algoritmos y de la inteligencia artificial generativa. Un contexto en el que cada día se producen contenidos a una velocidad nunca vista. Y, sin embargo, la atención sigue siendo un bien escaso. Sobre todo a la hora de hacer branding.
¿Cómo podemos capturarla? ¿Cómo construimos marcas que realmente conecten con las personas en un entorno donde todo parece estar creado por las mismas herramientas?
Esta reflexión dio forma a la ponencia “El arte de capturar la atención en la era de la IA, a través del branding”, una charla tan provocadora como inspiradora que puso el foco en lo verdaderamente importante: la inteligencia humana.
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La charla comienza con una brillante reinterpretación del mito de la caverna de Platón. Si el filósofo griego hablaba de una humanidad encadenada viendo sombras, en la versión de la inteligencia artificial no hay cadenas: la IA ha hecho la caverna tan cómoda, atractiva y entretenida que nadie quiere salir.
Y ahí está la gran metáfora: hoy la tecnología es tan buena amplificando lo que ya existe que estamos perdiendo el impulso de explorar nuevos caminos. Porque la IA no sueña. No desea. No anhela libertad.
El uso de herramientas como ChatGPT se ha disparado, y con ello, la homogeneización del contenido. Según los datos expuestos, OpenAI prevé ingresar más que Netflix en solo 7 años. Con más de 400 millones de usuarios semanales, el contenido se multiplica… pero el valor diferencial desaparece.
El resultado: marcas zombies. Marcas sin alma, sin propósito, sin un “por qué”.
Productos de una habitación cerrada, como si un gurú de branding nos pasara una propuesta sin poder explicarnos de dónde viene ni por qué nos representa.

Hoy nos venden la hiperpersonalización como una gran ventaja de la IA. Pero la realidad es que las sugerencias que recibimos están basadas en patrones de comportamiento, no en identidad.
Plataformas como Netflix o Spotify no buscan que conectes con algo auténtico, sino que te quedes el mayor tiempo posible. Resultado: la personalización se convierte en un algoritmo repetitivo que deja fuera lo más valioso de las marcas: su capacidad de emocionar.
Una de las reflexiones más potentes de la charla es esta: “La IA puede hacer perfumes perfectos, pero no inolvidables.” Un ejemplo claro es el de Lush, que lanza solo tres perfumes nuevos al año y consigue convertirlos en objetos de culto.
Frente a ello, marcas como Sephora lanzan más de 100 nuevos perfumes al año con IA, de los cuales el 92% acaban olvidados en seis meses.
La IA puede optimizar procesos, pero no puede enamorar si no hay una historia humana detrás.
Si queremos crear marcas memorables, debemos entender cómo funciona la mente humana. Y la mayoría de las decisiones que tomamos son inconscientes. No compramos productos, compramos lo que nos hacen sentir. No compramos para seguir siendo quienes somos, sino para convertirnos en quienes queremos ser.
Por eso, el branding que conecta no es el que vende productos, sino el que vende aspiraciones, rituales, comunidad, pertenencia.
A modo de cierre, la charla ofreció 5 claves concretas para construir marcas diferenciales:
La pregunta final que deja la ponencia es clara: ¿Queremos ser quienes pintan las sombras dentro de la caverna o quienes se atreven a salir a crear algo nuevo?
En LogiCommerce, apostamos por un eCommerce donde la tecnología potencie lo mejor del ser humano. Y donde las marcas no pierdan su voz entre algoritmos. Porque en un mundo donde todos pueden parecer únicos, solo serán memorables quienes realmente lo sean.
Vídeo completo de la sesión:
